Ubicada en una parcela urbana con ciertas limitaciones —próxima a una carretera y frente a un supermercado con una presencia visual destacada—, esta vivienda fue concebida como un hogar saludable, eficiente y privado, capaz de ofrecer bienestar y calidad de vida incluso en un entorno urbano con condicionantes.
Desde las primeras fases del proyecto se llevó a cabo un estudio geobiológico para identificar el punto más adecuado dentro del solar, favoreciendo tanto el equilibrio energético como el confort físico y emocional de sus habitantes.
La vivienda se organiza en dos plantas desplazadas, lo que permite generar de forma natural un porche cubierto en planta baja como espacio protegido y funcional, sin añadir estructuras adicionales. Esta solución también contribuye a suavizar el volumen general del edificio: desde el exterior, la vivienda parece de gran tamaño, pero al acceder a la parcela se revela un conjunto equilibrado, práctico y acogedor, con espacios bien dimensionados y un uso respetuoso del terreno, sin sobreocuparlo.
El programa incluye cinco dormitorios, dos baños, un aseo, una zona de día luminosa y abierta, y espacios exteriores de calidad: jardín, porche con barbacoa y piscina. El diseño prioriza la orientación sur, la captación solar pasiva y una disposición que protege la intimidad, dando la espalda a las zonas más expuestas del entorno.
La construcción se resolvió con materiales naturales y saludables: termoarcilla, aislamiento de fibra de madera, cartón yeso natural, pintura de cal, estructura de madera en cubierta y forjado sanitario como protección frente al gas radón. El sistema de climatización mediante aerotermia y el apoyo de placas fotovoltaicas refuerzan la eficiencia energética y la autonomía de la vivienda.
El resultado es una vivienda moderna y consciente, que cuida tanto lo que se ve como lo que se vive: un hogar que protege, conecta y equilibra, incluso en un contexto urbano poco amable.
Proyecto y dirección de obra: Clara Cortaire y Javier Mugueta