Ubicada en un entorno tranquilo del Pirineo aragonés, esta vivienda fue concebida como un refugio sencillo, saludable y respetuoso con el entorno. Diseñada para una vida serena y conectada con la naturaleza, responde a los principios de la bioconstrucción y el bioclimatismo, integrando soluciones pasivas para el confort interior durante todo el año.
Desde el inicio del proceso, se realizó un estudio geobiológico para ubicar la vivienda en el lugar más armónico posible, minimizando la exposición a alteraciones del subsuelo y favoreciendo el bienestar de sus habitantes.
El invernadero adosado, orientado estratégicamente, actúa como fuente de calefacción natural en invierno, aprovechando la radiación solar. La construcción se llevó a cabo con materiales naturales y saludables: muros de termoarcilla, forjados de madera, revestimientos de cal y tableros OSB sin formaldehídos.
La planta baja, totalmente accesible, se adapta a la movilidad reducida y ofrece una distribución funcional, pensada para el día a día. En la planta superior se incorpora un espacio polivalente que complementa la vivienda con usos flexibles, según las necesidades de sus habitantes.
El resultado es una casa honesta y acogedora, donde prima el bienestar, el silencio y una forma de habitar más consciente y pausada, alejada del ritmo acelerado de lo urbano.
Proyecto y dirección de obra: Clara Cortaire y Tourillon arquitectura